De lo único que me arrepiento en esta vida es de haberme sacado la cejas en mi adolescencia, lamentablemente para eso del año 2000 la moda de los noventa seguía vigente y tener cejas gruesas era un pecado un símbolo de fealdad, de descuido y me hice adicta a la pinza de cejas, ignorando el error que cometía, años más tarde cuando comprendí que la belleza del rostro estaba basada en el equilibrio y la simetría, comprendí como las cejas son de carácter único en cada rostro y definen nuestra estética, desde ese entonces he estado en una interminable lucha para recuperar el grosor de mis cejas o al menos parte de el.

Las cejas gruesas aportan juventud y carácter al rostro, el entorno siempre nos quiere someter a sus cánones de “perfección” y nosotras terminamos sucumbiendo ante ellos, y lo único que logramos con eso es hacernos daño, afortunadamente para las chicas de cejas gruesas esta es la era de su reinado, me hubiera encantado estar en esta era y no en la de Pamela Anderson y sus cejar casi inexistentes y su rubio estridente.

Siempre apoyaré las cejas bien cuidadas, pero más nunca la mutilación de las misma, las idea es conseguir nuestra mejor versión no copiar la de otra.

Gracias a la tecnología hoy existen mil tratamientos para ayudarnos a recuperarlas como: Seslash, Minoxidil, M2 Brows, a demás de los tratamientos estéticos como el trasplante de cejas y con micropigmentación, con estos últimos no me atrevo sobre todo porque quiero que sean mías, no quiero algo maquillado a parte de que soy cobarde para el dolor jajaja por eso estoy intentándolo con las tres primeras… Ojalá algún día aprendamos que la belleza tiene muchos matices y que seguir a uno solo puede terminar en un error garrafal.

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